LA ASTROLOGÍA ME HIZO SENTIR QUE ERA UN SER HUMANO ROTO
Nací en una familia de Tauros y Libras, más preocupados porque los muebles estuvieran bien colocados, limpios y fueran confortables, y el cuarto de estar fuera un lugar estético y bonito, que en alimentar espiritualidades, ansias de justicia y la mente febril siempre deseosa de aprender más de un niño Acuario. Era un auténtico extraterrestre en mi propia casa, ocupada en política, la justicia social y cuál sería el siguiente tomo de la enciclopedia que me leería, a una edad en que el resto de los niños sólo se preocupan por tirarse arena en la cara a la hora del recreo, y que vivía con horror los cambios de humor continuos, la necesidad de siesta diaria y que el tapete de la mesa nunca se mueva, no juegues ahí y no molestes, de una pandilla taurina y libriana que sentía muy superficial y tremendamente egoísta. Un meme, amigos.
En algún momento, entró en mi casa una cara y gruesa enciclopedia sobre los signos del zodiaco y así descubrí, cuando todavía llevaba faldas con lazos, que mi Marte estaba en Aries y que Marte en Aries era energía sin fin. Fuerzas para empezarlo todo y voluntad inquebrantable. Así debía ser yo, según parecía. Fuerte, enérgica, decidida e independiente. Fui creciendo y me hice cartas natales, leí cada previsión del horóscopo semanal que cayó en mis manos, y ni mi signo solar, ni mi lunar ni mi ascendente parecían nunca reflejados de verdad en esos textos que gente muy sería y mucho más sabia que yo escribía para definirme. No era fuerte, ni independiente ni mucho menos decidida. Esos sabios me dijeron desde niña que mi Marte en Aries era energía sin fin. Pura fuerza. Iniciativa, decisión, fuego y empuje. Que con ese Marte yo debería comerme el mundo. El futuro estaba asegurado. La creatividad, iba a ser un sirviente fiel en mis manos.
Mientras yo me iba arrastrando por los rincones. Sin fuerzas para nada.
Pero todas las personas que me parecían interesante leían su horóscopo y, a ellos, la carta natal les funcionaba. Estas personas me preguntaban mi signo del zodiaco y sacaban conclusiones de mí por ser Acuario, esperaban de mi cosas que yo sentía que no existían en mi vida. Porque todo lo que supuestamente tenía a mi favor no se parecía en nada a lo que yo vivía. Yo leía mi carta natal buscando respuestas y cada vez que la leía salía peor. La carta decía fuerza y yo sentía agotamiento. La carta decía acción y yo sentía parálisis. La carta decía deseo y yo no sabía ni qué deseaba porque llevaba demasiado tiempo en modo supervivencia. Así que la conclusión, la que la astrología convencional te empuja a sacar sin decírtelo abiertamente, era obvia: el problema soy yo. No estoy aprovechando mis cartas. Estoy rota.
Y no.
NO QUIERO MÁS SUPERSTICIONES EN MI VIDA
Para cuando me hice adulta me reía sin disimulo de la astrología, de quien confiaba en ella y de cualquiera que mencionara las estrellas. Pero cuando tuve mi despertar espiritual y conecté con la fe de mis ancestros, dar la espalda a los cielos era una incoherencia. Ellos miraban los astros y veían potencias reales, no metáforas. Así que empecé a estudiar astrología por mi cuenta, fuera de cualquier escuela, dentro de un marco de fe donde los planetas no podían ser rasgos ni arquetipos porque para mis ancestros eran poderes ontológicos. Seres superiores. Y usando la lógica dentro de ese marco, las cosas empezaron a tener sentido. Mucho más sentido del que habían tenido nunca.
Empecé a prever cosas que pasarían, en mi mundo y en el mundo, y se cumplían, a ver patrones astrológicos, a comprender cómo los muy poderosos de este mundo los utilizan. A comprender más el mundo de mis ancestros y a ver que su fe y sus creencias no eran meras supersticiones. Eran realidades muy profundas y, sobre todo, que funcionaban.
ENTENDIENDO A MI MARTE
Pues sí, tengo Marte en Aries y tengo muy mala salida, mucha mala leche y mal arrebato. Pero Marte, que es quién dirige y dice por aquí ahora, y por aquí no, en mi caso nunca lo hacía. No había deseo. Estaba siempre agotada ¿La razón? Mi Saturno está en Tauro. Y Saturno en Tauro quiere materia, valor, cuerpo, estabilidad, recursos, suelo, seguridad. Justo las cosas que hasta entonces habían faltado en mi vida. Así que Saturno había secuestrado a mi Marte: Lo que no puedo hacer yo, lo vas a hacer tú por mi, porque eres puro fuego y energía. Donde Marte tendría que haber sido movimiento para conseguir lo que quiero, se había convertido en un esclavo para trabajar en galeras para proporcionar seguridad a un Saturno que nunca tenía suficiente y nunca estaba satisfecho.
¿Te suena el patrón? Porque todos conocemos al menos a una persona adicta al trabajo, que aunque tenga dinero, amor y salud no puede disfrutarlos, porque nunca se siente suficientemente segura y debe, tiene, se obliga a trabajar más y más.
Tardé años en entenderlo, pero cuando lo entendí fue como si alguien encendiera la luz en una habitación en la que llevaba tropezando toda la vida. Mi Marte en Aries (esa potencia que supuestamente era puro fuego y pura iniciativa) llevaba años trabajando para mi Saturno. No estaba actuando desde el deseo. Estaba actuando como soldado. Defendiendo, sosteniendo, aguantando, cargando con una estructura que no era su trabajo mantener. Toda esa fuerza que supuestamente tenía no estaba libre: estaba reclutada.
Hola. No estaba rota. La astrología sí tenía sentido. Pero no como había aprendido.
ROMPIENDO PATRONES
En cuanto entendí lo que le pasaba a mi Marte, busqué otras fuerzas desequilibradas en mi carta. No porque estuvieran en oposición, en cuadratura o retrógradas. Sino por mis vivencias. Mi educación. Mis traumas. Los compromisos que me ataban, fueran voluntarios o impuestos. Y lo que vi tenía sentido. Por primera vez, daba en el clavo. Y lo más importante: sabiendo qué pasaba y por qué, podía hacer cosas para cambiarlo. Porque el problema nunca había sido que yo fuera tonta y no viera los patrones que se repetían. Es que no podía evitarlos. Y eso también me hacía sentir rota. Fracasada. Sin fuerza de voluntad.
Cuando uní los puntos, pude hacer algo que la astrología convencional nunca me había permitido hacer: Actuar. No leer más. No entender más. Actuar. Empecé a cuidar a ese Marte como si fuera un niño pequeño y herido, al que habían puesto a trabajar demasiado pronto en algo que no le correspondía. Devolverle el derecho al deseo que es suyo, al corte limpio, a la acción que no necesita justificarse ante nada ni ante nadie. Y mucho menos ante un Saturno hambriento. O ante un Urano iluminado. O ante un Júpiter flipado.
… el alivio.
MIRANDO LAS CARTAS DE LOS DEMÁS
Aún me sentía un poco tonta diciendo que era astróloga ¿Lo que yo hacía eran en realidad astrología? Bueno. No era astrología convencional. Pero también soy Acuario y ser convencional me daba igual. Entonces empecé a mirar las cartas de otras personas con esa misma pregunta. No “qué planetas tienes y en qué signos están”, sino a mi manera: ¿Qué está haciendo realmente cada planeta en tu vida? ¿Está cumpliendo su función o está trabajando en falso?
Porque esto es lo que la astrología no te dice: que un planeta puede estar fuerte y aun así no estar libre. Que la fuerza de un planeta no garantiza su libertad. Que a veces, precisamente los más fuertes son los primeros en ser reclutados, esclavizados y convertidos el músculo que tira de todo porque el resto de la carta está en modo supervivencia.
Y esto cambia todo.
Cambia la forma de leer una carta. Cambia la forma de entender por qué hay cosas que se repiten en tu vida aunque ya las hayas “comprendido”. Cambia la forma de trabajar con los planetas, porque ya no se trata de saber que tienes Venus en Piscis o Saturno en Tauro, sino de descubrir si tu Venus está creando belleza o justificando ese patrón que tienes de auto sacrificarte por todos y por todo, si tu Saturno está dando estructura a tu vida o está levantando una cárcel que no te deja en realidad vivir.
La astrología convencional te describe. Te pone etiquetas, te asigna rasgos, te dice cómo eres y cómo amas y dónde tienes límites. Y cuando la descripción no cuadra con tu experiencia, te puede ocurrir como a mi, puedes sentir que la culpa es tuya, que estás roto, que no sabes aprovechar las cartas que te ha repartido el destino. Uy, ese Neptuno es malo, pero es una lección kármica y tienes que vivir con ella, es un asunto de otra reencarnación, asúmelo y súfrelo. Nunca del método. Siempre tuya, que no sabes aprovechar lo que tienes.
Lo siento. Odio esa astrología la odio. La odio con toda mi alma. Porque me hizo sentir defectuosa durante años y porque sigue haciéndoselo a personas que merecen algo mejor que un retrato que las aplasta.
LA ASTROLOGÍA DE LA RESTITUCIÓN
Los astros no son malos. Siempre trabajan a nuestro favor. Pero a veces, la vida nos machaca y ellos intentan compensar el trauma, la mala educación, el miedo. Y se pierden. La Astrología de la Restitución nace de ahí. De saber que los planetas no son rasgos psicológicos: son oficios sagrados. Cada potencia planetaria tiene una función noble: iniciar, sostener, amar, ordenar, proteger, cortar, nutrir, revelar, y la vida puede obligar a esas potencias a trabajar fuera de su oficio. Cuando eso pasa, la fuerza no desaparece. Se deforma. Deforma nuestra vida. Saturno en Tauro no es malo. Se deformó para cubrir carencias y secuestró a Marte para apoyarlo. Y la persona no está rota. Yo no lo estaba. Mi carta está trabajando en falso. Puede que la tuya también.
La pregunta de la Astrología de la Restitución no es qué planetas tienes. Es si tu vida está gobernada por una potencia en dignidad o por una potencia en emergencia. Y a partir de ahí, qué actos concretos pueden devolver a cada fuerza sagrada su oficio legítimo. Esto es lo que siempre le faltó para mí a la astrología occidental: la ayuda. La estructura. El paso siguiente. No “esto es así porque sí y siempre va a ser”, sino “esto está pasando, y esto es lo que puedes hacer”.
Mucho Amor,
Lo que hice por mí también lo puedo hacer por ti. Tu carta natal no es una profecía ni una maldición inamovible. Es una arquitectura de Potencias. Y una Potencia que trabaja en falso puede ser restituida a su oficio. Aquí te cuento cómo:
INFORMES ASTROLÓGICOS.

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